FÚNEBRE PREÁMBULO


Es entrada la noche
Mi negra niña aromatiza las sombras, se apodera del escarpado
terreno,
Es hora de la cena, con sus movimientos felinos pule cada uno de
sus voraces instintos
Menea la cola, se escabulle con las tinieblas
Solo a lo lejos, de súbito se detiene
Se vuelve un poco y deposita una tétrica mirada en mi piel,
luego me contempla a los ojos fijamente
Iracunda e incitante
Un laud terrorífico acompaña; la escena
Mi túnica se desprende
El hedor de mi frio sacramento se destila
Mi cuerpo erguido por la hiel
Despierta... despierta

Mi negra niña se enfila en busca de su alimento
Para no regresar hasta la madrugada

Sigo estática, un mórbido escalofrío me circunda,
Mis pupilas están dilatadas
Conservo un tropel en mis entrañas
Estoy hambrienta

Es un suplicio, creo morir de inanición
Miro alrededor, un frágil manzano, tomo uno de esos pródigos
frutos, mi cuerpo tiembla, con dificultad lo llevo a la boca
Con desespero lo muerdo,
Es inútil, como siempre
No le encuentro sabor, continuo insatisfecha

Debo tomar lo que ella me mostró

La sangre brota desde mis labios, desde mis uñas
Es turbia, negra
Se coagula al instante
Su sabor es indistinto

Mi sangre ya no es sangre... lo percibo
Ya no emana en apogeo con el universo
Ahora me pertenece,
Soy yo quien le da vida
Soy yo quien decide y toma
Es a mí el significado del milagro en la noche.

Fuera de mi alcance esta esa vulgar inconstancia,
Esa infección temporal que subordina

Miro alrededor, Oh, allí están esos decrépitos filántropos
Le deben su mal a quienes aman,
Sigo mi camino... no me complace observarlos y mucho menos, jamás
lo haría.
La luna luce impúdica
Sus émulos maquillan mi rostro
El viento se aferra a las distintas formas del paisaje.

De pronto viene a mi el candoroso susurro de un amante
Arribo a su encuentro, o a su letargo estaría mejor decir,
Me vierto en su habitación ostentando sigilo
Paso saliva, estoy tan ansiosa y hambrienta

Despierta
Me invita con su cristalina mirada
Asemeja una fuente arriba del dosel
Me aproximo
Extiendo mis manos sobre su cuerpo
A mi toque inofensivas llagas se pronuncian
El vértigo se torna más insigne,

De pronto siento su carne en mi boca
Proclibe a mi entrada
Su pasión, su lujuria
Su entrega
Su artística y cálida sangre embebo
Lo embebo todo
Apilándome contra su cuerpo
Contrayéndome una y otra vez, para acompasar sus
movimientos,
Presencio como su vida gotea en sus adentros
Desgarro su mente...
Es hora de la partida.

Desmonto mis pasos entre vetas ocultas
Disponiendo de formaciones naturales,
Son para mí los pasos de un ascenso sin purgatorio, cielo o
infierno
Solo eternidad

.....................

La noción de mi existencia se pierde voluntariamente
Un maullido.
Se revela una figura
Entre los escombros,
Es mi negra niña
Sus ojos evocan juegos de guerra
Ahora le comprendo.

MARÍA HEREJE.

Gracias a usted por este bello aporte para nuestra comunidad.

LORD, EL CABALLERO NEGRO.